Al plantearnos su diseño tuvimos en cuenta dos premisas básicas: una, que sólo nos haríamos cargo del número de animales que pudiéramos mantener en condiciones higiénico-sanitarias, nutricionales y lúdicas dignas; dos, que nuestros animales no vivirían encerrados en jaulas.

El refugio cuenta con dos tipos de parcelas: las más grandes, con capacidad para un máximo de 6 perros (el número de individuos que compondría una manada en libertad) y las más pequeñas, con capacidad para un máximo de 2 perros. Estas últimas se utilizan para aquellos perros que por su especial carácter no pueden formar parte de un grupo grande.

Las parcelas disponen de varias casitas en las que guarecerse del frío y la lluvia, árboles para proteger a los animales del sol del verano sevillano, tolvas para la dispensación de pienso, mangueras y en verano se instala un sistema de microdifusión de agua.

El resto del jardín constituye la zona de recreo en la que los perros corren libres durante al menos una hora al día.

Tanto la construcción en su día, como el mantenimiento, como las reformas del “refugio”, las llevan a cabo los propios voluntarios de la asociación a los que hay que agradecerles su generosidad, dedicación y ¡pericia!