Hace ya mucho tiempo que Sara forma parte de nuestras vidas: de las vidas de los voluntarios de El Refugio-Escuela y de las vidas de los perros y gatos a los que acogemos.

Durante todos estos años hemos aprendido de ella que una sonrisa es el mejor remedio para las trampas que a veces nos pone la vida.

Sara está enferma, una dura trampa, dura de verdad, que le tendió el destino; pero sus días son días felices.

Y esto es lo que escribió hace ya también mucho tiempo y que traemos a este rincón como muestra de coraje, fuerza y amor:

Mi nombre es Sara y me gustaría que leer esta carta, te sirva para luchar con fuerza y con ilusión.

Soy una enferma de ESCLEROSIS MÚLTIPLE, una enfermedad incurable del Sistema Nervioso Central que afecta a la sustancia blanca (mielina) del cerebro y la médula espinal. En la actualidad no existe un tratamiento curativo aunque si paliativo.

Cuando me diagnosticaron la enfermedad fui incapaz de aceptarlo, me sentía perdida y me aferré a la idea de que la vida era injusta conmigo.

La esclerosis múltiple y la angustia me sentaron en una silla de ruedas, solo mi perro Rufo, maravilloso compañero, era capaz de obligarme a salir a la calle.

A veces el destino se muestra implacable y Rufo murió, era mayor y estaba cansado. Y yo seguía compadeciéndome, sin querer luchar por abandonar la silla de ruedas. Necesité muchos años de ayuda psicológica y muchas lágrimas para continuar.

Y un día, como ocurren las cosas importantes de la vida, por casualidad, se cruzó en mi camino Neska. Una perra a la que habían abandonado y que no parecía recordar haber recibido afecto alguna vez.

Cuidar de Neska, enseñarle a volver a confiar, jugar con ella, darle de comer, bañarla, peinarla, llevarla de paseo, me obligaron a levantarme de mi silla de ruedas. Y del bastón que usé por ese entonces a hoy que ando sin ayuda, hubo un paso duro pero emocionante. Y si lo di, si lo conseguí, fue gracias a Neska.

Su amor desinteresado, su afecto sin medida, su alegría, sus ganas de comerse la vida, me las contagió, y hoy, puedo decir, que Neska es mi vida y que ésta, sí, tiene sentido. Un bello sentido.

Espero que mi testimonio te sirva para encarar con esperanza las trampas que a veces nos pone la vida, y que para ello, cuentes siempre con la fidelidad y el amor de un perro.

Un beso

Sara